Significado de los Sufrimientos del Salvador

Significado

de los

Sufrimientos del Salvador

Obispo Alejandro Mileant

Traducido por Ludmila Betin / Julieta Leverato

  


ContenidoEl misterio de la CruzCordero de Dios que tomó sobre Sí los pecados del mundo. ¿Qué dijo el Salvador sobre Sus sufrimientos por la Cruz¿Qué dijeron sobre ello los ApóstolesSignificado de la Cruz de Cristo en Nuestras VidasAkathistos a los sufrimientos del Salvador en la traducción rusa.


El Misterio de la Cruz

Un hombre rico tuvo dos hijos. El mayor era tranquilo, trabajador y obediente, el más joven por el contrario, era perezoso, irreflexivo y caprichoso. A él le gustaba escaparse de su casa, encontrarse con sus amigos vagabundos, y con todo esto hacía sufrir a su padre. Una vez, cuando el padre con su hijo se ausentaron por varios días, el hijo menor organizó una fiesta en su casa. Sonó la música y se vertió el vino. Los amigos enardecidos por el vino comenzaron a reñir. Se produjo una espantosa pelea con lesiones e incendio en la casa. Para evitar el castigo el hijo menor huyó. Al hijo mayor le dio lástima su hermano menor puesto (que se encontraba) en un camino tan malo, y comenzó a buscarlo por todas partes. Después de largas búsquedas, por fin, lo encontró; enfermo y exhausto en la cárcel de un pueblo fronterizo. Después de pagar la fianza al juez, el hijo mayor lo curó, lo vistió y lo llevó luego a la propiedad de su padre. El hijo menor, reconociendo su culpa, temía mostrarse ante los ojos de su padre. Entonces el hijo mayor volviéndose ante su padre, se arrodilló ante él y con lágrimas le pidió que perdonara al hermano, garantizándole que aquél había cambiado, y le ofreció responder por todas las pérdidas ocasionadas por su hermano menor.

El padre, enternecido por tanto amor de su hijo mayor, perdonó al hijo menor y lo aceptó con todos sus derechos. El hijo menor persuadido por tantas aflicciones y, sobre todo, por la bondad de su hermano mayor, cambió totalmente. El resto de su vida él fue apoyo y consuelo de su padre envejecido.

La similitud de este relato con las narraciones del Evangelio sobre la salvación del género humano, realizado por Nuestro Señor Jesucristo, consiste en que las personas, semejantes al hermano menor, comenzaron a vivir incorrectamente, se negaron la vida del paraíso y se sometieron a muchas desgracias. El Señor Jesucristo, semejante al hermano mayor, vino a nuestro mundo pecador, para salvarnos y devolvernos a la casa del Padre: al Paraíso. Él nos liberó de la esclavitud del pecado y nos curó de nuestros pesares (penas) del alma. Con Su sacrificio Él nos devolvió la benevolencia del Padre Celestial, nos mostró el camino de la vida, y con Su infinito amor nos colmó de fuerzas para hacer el bien.

Para acercarnos hacia el entendimiento de la obra de salvación de Nuestro Señor Jesucristo, las Sagradas Escrituras utilizan las narraciones en formas de Parábolas, tomadas de la vida de los pastores y agricultores de esa época. Entre estos relatos podemos mencionar la parábola de la oveja perdida, a la cual encontró y salvó el Buen Pastor; la parábola sobre la higuera sin frutos(estéril) la que fue atendida por el jardinero cuidadoso; la parábola sobre la viña, de la cual el hijo del dueño juntaba sus frutos; u otras (Mt. 18:12-14; Lc. 13:6-9; Is. 5:1-8; Mt. 21:33-44). Estos relatos bíblicos (adornados con imágenes pintorescas), por un lado nos muestran cómo el género humano se extravió y se hizo estéril (sin frutos) espiritualmente; y por otro lado, ellos relatan el motivo principal que impulsó al Hijo de Dios a venir a este mundo. Su amor y compasión hacia las personas que están perdidas (que perecen, que se mueren).

Leyendo el Evangelio, nos convencemos de que el sacrificio de la cruz del Hijo de Dios aparece como el suceso central de su vida terrenal. Con sus sufrimientos por la cruz Él limpió (lavó) nuestros pecados, saldó (cubrió) nuestra deuda ante Dios o, en el lenguaje del Evangelio, nos “redimió” (recobró, rescató). En el Calvario (Golgotha) está oculto (encubierto) el incomprensible misterio de la infinita verdad y amor de Dios. Con la simpleza infantil, los pescadores galileos relatan cómo el Hijo de Dios Encarnado tomó sobre sí, por propia voluntad, las culpas de todas las personas y sufrió por ello con una muerte en la cruz vergonzosa, humillante y atormentadora. Después, resucitó al tercer día como triunfador sobre el infierno y la muerte. Los Apóstoles no se esfuerzan en explicar el por qué para la redención (expiación) de los pecados de la humanidad se necesitó particularmente ese horrible sacrificio y si hubiera existido la posibilidad de salvar a las personas a través de un camino menos atormentador.

Indudablemente que en toda la vida de Nuestro Señor Jesucristo, cada palabra y cada acto fue dirigido hacia un solo objetivo – la salvación del ser humano. El vino a la tierra y Se hizo Hombre, y con ello vertió en el débil organismo humano una corriente de Vida Divina, este hecho condujo hacia la salvación de las personas, como también Su oración por todas las personas, Su personal ejemplo de amor y compasión hacia los hombres, su ejemplo de desprendimiento, pureza, absoluta obediencia a Dios Padre, y otras buenas acciones. Para la salvación de las personas fueron dirigidas Sus Divinas enseñanzas, de cómo se debe: vivir, tener fe; y hacia qué deben dirigirse, las predicciones e innumerables milagros demostraban la verdad de Sus palabras y de Su ministerio celestial. Sin embargo, todos estos hechos en la vida del Salvador no disminuyen el significado del Calvario (en hebreo, Gólghota). Leyendo el Evangelio nosotros vemos que su muerte en la Cruz no se produjo por el resultado de circunstancias desfavorables, como algunos simplemente se esfuerzan en explicarlo; o que fue recibida por El, como ejemplo aleccionador para sus discípulos; sino que aparece como un momento importantísimo de su misión salvadora. ¡El Señor vino al mundo específicamente para salvarnos a través de sus sufrimientos!

Las enseñanza cristiana sobre su muerte en la Cruz de Dios-Hombre (Hijo de Dios), suelen ser una piedra en el camino para las personas ya formadas con una comprensión religioso-filosófica. En la época apostólica, se presentaba una afirmación contradictoria para muchos hebreos y personas de la cultura griega en cuanto a que el Todopoderoso y Eterno Dios vino a la Tierra encarnado en un hombre mortal, que por su voluntad soportó las golpizas e injurias y una muerte muy deshonrosa, y que este sacrificio a su vez traería un beneficio espiritual a la humanidad. “¡Esto es imposible!” – exclamaban unos – “¡Esto no hace falta!” -afirmaban otros.

La existencia de estas “contradicciones” en las prédicas cristianas siempre fue para sus oyentes una prueba de piedra (muy dura) para su fe y obediencia al Señor. San Pablo en sus epístolas a los Corintios comparte con sus alumnos la experiencia de sus esfuerzos de prédica.

“Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el Evangelio y no con palabras sabias, para no desvirtuar la Cruz de Cristo. Pues la predicación de la cruz es una necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan- para nosotros -es fuerza de Dios. Porque Dice la Escritura: Destruiré la sabiduría de los sabios, e inutilizare la inteligencia de los inteligentes ¿Dónde esta el sabio?, ¿Dónde está el docto? ¿Dónde el sofista de este mundo? ¿Acaso no entonteció Dios la sabiduría del mundo? de hecho, como el mundo mediante su propia sabiduría no conoció a Dios en Su divina sabiduría, quiso Dios salvar a los creyentes mediante la necedad de la predicación. Así, mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros Predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios” (1 Cor. 1:17-24).

En otras palabras, el Apóstol aclara que lo que para el cristianismo efectivamente es obra de la grandiosa sabiduría y omnipotencia Divina, para otros era tomado como seducción (pecado) o irrazonable la enseñanza sobre la muerte expiatoria y la resurrección del Salvador, aparece como el fundamento para muchas otras verdades cristianas, como por ej. para la bendición (consagración) de los creyentes, los sacramentos, el sentido de los sufrimientos, las virtudes, el sacrificio, las metas de la vida, el próximo juicio final, la resurrección de los muertos y otros.

Así como las personas asumen los sufrimientos del Salvador así muestran la tendencia (dirección) de su buena o mala voluntad. el Profeta Simeón predijo a la Virgen María, cuando Ella le llevó al Niño Divino (Niño Dios): “Él está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción. a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones” (Lc. 2:34). La muerte redentora de Cristo, siendo un suceso inexplicable para el entendimiento del conocimiento lógico humano y hasta “tentadora para los que perecen,” posee una fuerza revividora, la cual sienten y a la cual se dirigen los corazones de los creyentes.

Renovados y entibiados por esta fuerza espiritual, con estremecimiento, se hincaban delante del Calvario (Gólghota) tanto los esclavos más humildes como los reyes más poderosos; tanto los campesinos incultos como los más grandes estudiosos.

El misterio de la redención humana está estrechamente ligado con una larga fila de importantes factores religiosos y psicológicos. Por ello, para esclarecer el misterio de la redención hay que: a) Entender en particular en qué consiste la lesión pecadora del hombre y el debilitamiento de la voluntad para enfrentar el mal. b) Hay que entender cómo la voluntad del maligno, gracias al pecado, recibió la posibilidad de influir e inclusive sojuzgar la voluntad humana. c) Hay que entender la fuerza misteriosa del amor, su capacidad para influir favorablemente al hombre y ennoblecerlo. Asimismo, si el verdadero amor se revela predominantemente como un servicio sacrificatorio por el prójimo, indudablemente que la entrega de su vida es la expresión más grande del amor. d) Del entendimiento de la fuerza del amor humano hay que elevarse hasta la comprensión de la fuerza del amor Divino, y de cómo ella penetra en el alma del creyente y transforma su mundo interior. e) Además, en la redentora muerte del Salvador, hay un aspecto que sobresale de los parámetros del mundo humano, en especial: en la Cruz, se produjo la batalla entre el Hijo Encarnado de Dios y el orgulloso Lucifer (Satanás), en la cual Dios oculto bajo la imagen de un cuerpo débil salió vencedor. Los detalles de esta batalla espiritual, y la victoria Divina nos quedan como un misterio, incluso los Angeles según el Apóstol San Pedro, no comprenden completamente el misterio de la Redención (1 Pedro 1:12). Es un libro sellado, el cual sólo pudo abrir el Cordero de Dios (Ap. 5:1-7).

Cordero de Dios

Que Tomó Sobre Si los Pecados del Mundo

La muerte en la Cruz del Mesías, centro de su sacrificio salvador, fue materia de numerosas profecías del Viejo Testamento y de Santas Predicciones, como por ej., el sacrificio de Isaac; los sacrificios que se realizaban en el Templo de Jerusalén, y otros acontecimientos bíblicos.

Entre las profecías del Viejo Testamento, respecto a los sufrimientos del Hijo de Dios encontramos como las más claras las profecías de Isaías, las cuales traemos a continuación:

¡Señor! – Empieza el profeta, señalando lo increíble (inconcebible) de lo que él escribe. -¿Quién dio crédito a nuestra noticia? y el brazo (fuerza) del Mesías a quien se le reveló. Nosotros lo vimos (al Mesías) y no tenía apariencia (aspecto o presencia) que nos cautivara (atrajera). Él fue rechazado y despreciado por los hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias. Y nosotros le dábamos vuelta el rostro. Él fue despreciado y lo tuvimos por nada. Él tomó sobre Sí nuestros pesares y llevó nuestros dolores. Y nosotros pensámos que Él fue azotado, herido y humillado por Dios. Pero Él fue herido por nuestros pecados y martirizado por nuestras culpas (rebeliones). Él soportó el castigo que nos trae la paz y con Sus heridas hemos sido curados. Todos como ovejas erramos, cada uno marchó por su camino, y el Señor cargó (ha puesto) sobre el todos nuestros pecados. Fue maltratado, pero por propia voluntad sufría y no abría la boca. (Como un cordero al degüello era llevado y como oveja que ante quien la esquila está muda, tampoco Él abrió la boca.).

Tras arresto y juicio fue arrebatado de sus contemporáneos, (sobre su origen Divino), ¿quién lo aclara? Fue arrancado de la tierra de los vivos, por las rebeldías de tu pueblo padeció la ejecución. Le designaron sepultura entre los malvados, pero Él fue sepultado con los ricos (José de Arimatea) porque no cometió ningún pecado ni hubo engaño en su boca. Mas fue el deseo del Señor (Dios Padre) quebrantarle con dolencias. Si se da a Si mismo en expiación verá Su descendencia (personas por el redimidas), prolongará sus días y la voluntad del Señor se cumplirá por Su mano. Él va a observar con regocijo el sacrificio de Su alma.

Por Su conocimiento Él, es Perfecto, justificará Mi Siervo a muchos, y las culpas de ellos, sobre el llevará. Por eso Le daré Su parte entre los grandes y con poderosos repartirá el botín, ya que indefenso entregó Su alma a la muerte y fue contado entre los malhechores, cuando Él llevó el pecado de muchos, e intercedió por los rebeldes (Isaías 53).

En estas profecías está expresada con máxima claridad, que la muerte expiatoria en la Cruz del Mesías es un sacrificio voluntario para purificar los pecados de los hombres. Es notable que San Juan Bautista se refirió a esta misma profecía. Nuestro Señor Jesucristo recién comenzaba su servicio comunitario (público-social) diciendo: “Este es el Cordero de Dios que lleva sobre sí los pecados del mundo.”

Más adelante nos detendremos sobre lo que decía el Salvador y sus Apóstoles sobre los sufrimientos de la redención.

Qué Dijo Jesucristo Sobre

Sus Sufrimientos en la Cruz

Nuestro Señor Jesucristo contó a los Apóstoles desde el inicio sobre sus sufrimientos. Así, por ejemplo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que Él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho por parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día. Cuando el Apóstol Pedro, motivado por sus sentimientos amables, intentó disuadirlo de semejante sacrificio, el Señor con firmeza, lo reprendió diciéndole: ¡Quítate de mi vista Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres! (Mt. 16:21-23. Pedro a pesar de su fe no pudo entender el destino que Jesús presenta como inevitable y necesario, por su amor a Él, y quiso corregir la idea de su Maestro; el Apóstol Pedro se convierte así en Satanás, el tentador, porque sus pensamientos no eran de Dios sino del maligno). Unos cuantos días después, explicando a los apóstoles el fin de Su venida al mundo, Jesucristo les dijo: “El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mt. 20:28)

Unos días antes de su crucificación, el Señor Jesucristo nuevamente les comentó a sus apóstoles sobre el gran sacrificio que le esperaba, aclarándoles que especialmente el vino a este mundo para cumplir con Su sacrificio redentor: “Ahora mi alma está turbada; y ¿qué voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero, ¡Si he llegado a esta hora para esto!” (Juan 12:27). Sólo en la última Cena, en el discurso de despedida el salvador habló de los próximos frutos espirituales así: Él debió sufrir para:

  • Condenación del diablo (demonio).
  • Llamado a las personas a la Salvación.
  • Perdón de los pecados a los creyentes.
  • Envío del Espíritu Santo sobre los creyentes.
  • Para la preparación de los creyentes para la morada Celestial.

Traemos aquí las palabras del Salvador del discurso de despedida. Comenzando, el Señor explicó que su muerte era imprescindible porque “si el grano de trigo, caído en la tierra no muere, permanece el sólo (como grano); en cambio, si muere, produce muchos frutos” (Juan 12:23-24). “Ahora es el juicio de este mundo; (Condenación del mundo incrédulo), ahora el príncipe de este mundo (diablo) será echado fuera. y cuando Yo sea levantado de la tierra (hacia la cruz) a todos atraeré hacia mí.” Decía esto para significar de qué muerte iba a morir” (Juan 12:31-34). En esta Cena, al establecer el Sacramento de la Comunión, el Señor unió la fuerza de este sacramento con sus próximos sufrimientos y dijo, levantando la copa con vino: “Bebed de ella todos porque esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados” (Mt. 26:27-28).

De las siguientes palabras del Salvador está claro que fueron absolutamente necesarios sus sufrimientos en la Cruz para que descienda sobre los creyentes la gracia del Espíritu Santo. “Yo os digo la verdad: os conviene que yo me vaya porque si no me voy no vendrá a vosotros el Paráclito (Espíritu Santo) pero si me voy Os lo enviaré” (Juan l6:7). Después el Señor explicó a los apóstoles que Él por propia voluntad tomó sobre sí el sacrificio de la redención, por su gran amor a los hombres. Haciéndoles recordar la parábola de la oveja perdida en las montañas, el Salvador les dijo que: “Yo soy el Buen Pastor, el Buen Pastor da su vida por las ovejas.” por ello Me ama el Padre, porque yo doy mi vida para recibirla nuevamente. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. “Vosotros sois mis amigos” (Juan. 10:11, 15:13-14). Aunque los sufrimientos en la Cruz entristecieron muchísimo a los discípulos ellos debían reconfortarse con el renacimiento espiritual venidero. “La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora, pero cuando ha dado a luz al niño ya no se acuerda del aprieto por la alegría de que ha nacido un hombre en el mundo” (Juan.16:21).

Seguidamente, a consecuencia de su muerte en la Cruz, se preparan para los creyentes las moradas celestiales: “Cuando haya ido al otro mundo y Os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté Yo estéis también vosotros, juntos en la Gloria Eterna” (Juan 14:3). Después de descender el Espíritu Santo sobre los apóstoles se convencieron por propia experiencia de la magnitud de los bienes espirituales que recibieron por la muerte redentora y resurrección del Salvador, ellos compartían esta experiencia con sus seguidores.

Cómo Enseñaron los Apóstoles

Sobre el Sacrificio del Redentor

Como está visto a través de los libros Hechos de los Apóstoles y otros Libros del Nuevo Testamento, la prédica central de los apóstoles era la enseñanza sobre la salvación de las personas a través de la muerte y resurrección del Hijo de Dios Encarnado. Los Apóstoles usaron este mensaje como el fundamento de todas sus instrucciones. En la llegada del Hijo de Dios al mundo y en su muerte para la redención de la humanidad los apóstoles vieron antes que nada su infinito amor por los hombres. Así escribían sobre ello “En esto hemos conocido lo que es amor (de Cristo) en que Él dio Su amor por nosotros.””Jesús cuando todavía estabamos sin fuerzas murió por los impíos. En verdad, apenas habrá quien muera por un justo, por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir, mas la prueba de Dios que nos ama es que Cristo siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros. Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por Su sangre, seremos por el salvos de la cólera. Si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, con cuanta más razón estando ya reconciliados seremos salvos por su vida” (1 Juan 3:16; Romanos 5:6-11).

Al hablar los Apóstoles de la muerte redentora de Jesucristo explicaban a los creyentes, que grandes bendiciones ella trajo al mundo. Así por ejemplo, ellos decían que con su muerte:

  • Corrigió nuestra desobediencia.
  • Cubrió o lavó nuestros pecados.
  • Liberó a las personas del poder del demonio y las almas del infierno.
  • Reconcilió a los hombres con Dios y los libró de la maldición de la nueva ley.
  • Fundó el Nuevo Testamento.
  • Santificó a los creyentes y les dio nuevas fuerzas para la vida virtuosa.
  • Dio a los hombres la Vida Eterna.

Aquí traemos las palabras de los apóstoles sobre estos temas: sobre el significado de la obediencia de Jesucristo el apóstol Pablo dice: “El cual (Jesús) siendo de condición Divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios, sino que se despojó a Sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres, y apareciéndose en su parte como hombre, y se humilló a Sí mismo obedeciendo hasta la muerte, (con muerte en la cruz). Por lo cual Dios lo exhaltó y Le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre” (Filip. 2:6-9). Un poco más allá, el apóstol habla de las consecuencias de la obediencia de Dios. “Como por la desobediencia de un solo hombre Adán, muchos se hicieron pecadores, así también por la obediencia de Uno (Jesús) muchos se harán virtuosos” (Romanos 5:19).

Sobre el significado purificante de la muerte en la Cruz de Jesucristo, los apóstoles se expresaron mediante estas simples expresiones:

“El mismo sobre el madero llevó nuestros pecados en su cuerpo, a fin de que al liberarnos de ellos, viviéramos para la justicia, con cuyas heridas habéis sido curados. Erais como ovejas descarriadas (al no tener Pastor), pero ahora habéis vuelto al Pastor y Guardián de vuestras almas”… “Y la sangre de su Hijo Jesucristo nos purifica de todo pecado… Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero”… “Porque Cristo, cuando aún éramos flacos, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente apenas muere alguno por un justo: con todo podrá ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Luego mucho más ahora, justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliado con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, mas aun nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por el cual hemos ahora recibido la reconciliación” (1 Ped. 2:21-25; 1 Juan 1:7 y 2:2; Rom. 5:6-11).

De la liberación de las personas de las ataduras del diablo, los Apóstoles escribieron lo siguiente: “Dios nos perdonó todos los pecados. Canceló la nota de cargo (gran listado de transgresiones a la voluntad de Dios) que había contra nosotros. Él (Jesús) las suprimió elevándolas en la cruz, y una vez despojados los Principados y las Potestades (de la oscuridad-demonios), los exhibió públicamente, incorporándolos a Su cortejo triunfal (Col. 2:13-15). De la liberación de las almas muertas del infierno, citaremos al Profeta Zacarías, dichos por el nombre de Dios Padre. “En cuanto a Ti, la sangre de Tu Alianza (Mesías) yo soltaré a Tus cautivos de la fosa en la que no hay agua” (Zac. 9:9-11).

De la conciliación con Dios leemos: “Si cuando fuimos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de Su Hijo, con cuanta más razón estando ya reconciliados seremos salvos por Su vida, y en otro lugar escribe el apóstol a los cristianos ex-paganos: “A vosotros que en otro tiempo fuisteis extraños y enemigos, por vuestros pensamientos y malas obras, os ha reconciliado ahora por medio de la muerte en Su cuerpo de carne para presentaros santos, inmaculados e irreprensibles delante de El” (Rom.5:6-11; 2 Cor.5:18-19; Col. 1:20-22, Gal.3:13-14).

Del establecimiento del Nuevo Testamento (Nuevo Trato-Relacion entre Dios y los creyentes) por la sangre de Jesucristo, el apóstol Pablo en las epístolas a los hebreos les recuerda la siguiente predicción de Jeremías: “He aquí que días vienen en que Yo pactaré con la casa de Israel y con la casa de Judas una Nueva Alianza… Yo pondré Mi ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo… Yo perdonaré sus culpas, y Yo no me acordaré más de sus pecados.” Aquí el apóstol Pablo aclara que: “donde hay testamento se requiere que conste la muerte del testador, ya que el testamento es válido en caso de defunción, no teniendo valor en vida del testador” (Jeremías 31:31-34; Hebreos 8:8-13, 9:11-17).

Hablando sobre la santificación de los creyentes a través de la muerte redentora de Jesucristo el Apóstol Pablo las compara con los sacrificios del A.T. que eran realizados en el templo (tienda).

“Cristo como Sumo Sacerdote de los bienes futuros a través de una tienda mayor y más perfecta, no fabricada por la mano del hombre, es decir, no de este mundo, penetró en el santuario una vez y para siempre no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con Su propia sangre, consiguiendo una redención eterna, pues si la sangre de machos cabríos y de toros y la ceniza de vaca santifica con su aspersión a los contaminados, en orden a la purificación de la carne, cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu Eterno se ofreció a Sí Mismo sin tacha a Dios, purificará de las obras muertas nuestra conciencia para rendir culto a Dios vivo y verdadero… Pues el mediante una sola oblación ha llevado a la perfección para siempre a los santificados” (Hebreos 9:11-17; 10:14-20).

Debido a la muerte redentora del Mesías el Padre Celestial envía a los creyentes Su gracia, la que le ayuda en la lucha contra el pecado y en el fortalecimiento (afirmación) de la vida virtuosa, el apóstol llama a este auxilio “La ley del espíritu.” “Porque la ley del espíritu que da la vida en Cristo Jesús te liberó de la ley del pecado y de la muerte, pues lo que era imposible a la ley reducida a la impotencia por la carne, Dios habiendo enviado a Su propio Hijo en una carne semejante a la del pecado, y en orden al pecado, condenó al pecado a la carne, a fin de que la justicia de la ley se cumpliera en nosotros que seguimos una conducta, no según la carne, sino según el Espíritu” (Rom. 7:23, 8:2-4).

Finalmente, recordando a los cristianos el resultado más apreciado (gozoso) del sacrificio de Jesucristo: la victoria sobre la muerte y la resurrección universal de los muertos los apóstoles los reconfortaban con estas palabras. “Porque Cristo murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y vivos.” “Cristo resucitó entre los muertos como primicia entre los que murieron, porque habiendo venido por un hombre la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los muertos. Pues del mismo modo que en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo” (Romanos 14:9; 1 Corintios 15:20-22).

En algunas oraciones de las Misas se hacen estas comparaciones entre el pecado de Adán y el sacrificio de la Cruz de Jesucristo: Allí el árbol del conocimiento del Edén del bien y del mal y el árbol de la cruz en el Gólgotha la rebelión de Adán contra el Creador. Aquí la suma obediencia de Cristo, allí la pretensión orgullosa de asemejarse al Rey. Aquí una corona de espinas, allí la dulzura de la fruta prohibida. Aqui la amargura de la hiel, allí manos atrevidas dirigidas al árbol. y aquí manos impotentes clavadas en la Cruz. Allá la privación (pérdida) de la vida y la expulsión del paraíso, aquí el otorgamiento de la vida y el regreso al paraíso.

Significado de la Cruz

de Cristo en Nuestras Vidas

Los Apóstoles enseñaron que todos los bienes tanto en el presente como en la vida futura son considerados el resultado directo del sacrificio en la Cruz del Hijo de Dios Encarnado. Estos bienes no sólo se extienden a la humanidad, sino a toda la naturaleza e incluso a todo el universo, que se renovará el día de la Resurrección (Romanos 8:18; 2 Pedro 3:13).

Un bien importantísimo para la persona otorgado por la muerte redentora y la resurrección del Salvador, es la capacidad de vivir espiritualmente, la posibilidad de superar sus malas inclinaciones, para perfeccionarse y acercarse a Dios. Los demás bienes espirituales están estrechamente ligados con la capacidad de ser una nueva persona. Antes de la llegada de Cristo una vida espiritual prolongada era inaccesible para el ser humano. Él era a menudo prisionero de sus deseos corporales pecaminosos. La gracia de Cristo instala en la persona nuevos pensamientos y una nueva visión de la vida. Ello le muestra todo lo vacío y agitado de lo terrenal, le revela el entendimiento de la finalidad de su existencia terrenal y le ayuda a acercarse a la meta en cada paso. Reemplaza el sentimiento de opresión y exasperación con la dulzura de la relación con Dios; amor propio enfermizo por el deseo de hacer el bien.

Pero todo crecimiento y perfección requieren un esfuerzo propio (personal), constancia, y a veces, una lucha a todas las dificultades internas o externas se las denominan “cruces.” El cristiano es llamado a seguir a Cristo, a llevar su cruz terrenal. Sobre la necesidad imprescindible de llevar su cruz personal, el Señor dice así: “El que no toma su cruz y me sigue detrás (quiere ser mi discípulo) no es digno de Mí” (Mt. 10:38). Los Apóstoles al hablar sobre los sacrificios de los cristianos, reconfortaban a otros y a sí mismos con estas palabras: Si nosotros sufrimos con Él, entonces con el compartiremos la Gloria. “Los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la Gloria que se revelará en nosotros.” Recordando el infinito amor de Jesucristo, los apóstoles educaban también así a los cristianos: “En esto hemos conocido lo que es amor (de Cristo) en que el dio Su vida por nosotros, (por lo cual) también nosotros debemos dar la vida por los hermanos” (1 Juan 3:16).

Como conclusión quiero decir que antes de los padecimientos de Cristo en la cruz, ella era considerada como un instrumento de deshonra y cruel castigo. Después de sus sufrimientos se transformó en un símbolo de victoria del bien sobre el mal, de la vida sobre la muerte, recordatorio del infinito amor de Dios y fuente de felicidad. El Hijo de Dios encarnado santificó la cruz en Su sangre y la hizo portadora de su bendición, fuente de santidad para los creyentes. De esto nos convence la experiencia milenaria de la Iglesia. P. ej, con la señal de la Cruz se bendice el agua, en la Liturgia el Pan y el Vino se transforman en el Cuerpo y la Sangre de Cristo y se realizan todos los sacramentos, con la cruz se expulsa la fuerza del mal. Con la Señal de la Cruz la persona se protege de las desgracias, y atrae hacia sí la ayuda de Dios. Por eso es que los cristianos veneran tanto la cruz, se persignan con la señal de la cruz, la usan sobre su pecho y adornan con ella las casas y los templos.

Observacion: Todos los miércoles y viernes del año están dedicados a la conmemoración de la Pasión redentora del Hijo de Dios. Festividades relacionadas con la exposición de la Santa Cruz: la Exaltación de la Santa Cruz (Según el actual calendario corresponde a la fecha 27 de Septiembre, que corresponde a 14 de Septiembreen el calendario Juliano), Domingo en el que se conmemora la Veneración de la Santa Cruz (tercer domingo de la Cuaresma), Semana Santa, Segundo Canon de la Misa Matutina Dominical y otras.

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Akathistos

A los Sufrimientos del Señor

Kondakio I

Invencible Jefe del Ejercito y Señor del cielo y de la tierra, a Ti, Rey Inmortal, al Verte suspendido en la cruz, toda la naturaleza se conmovió, el cielo se horrorizó, se estremeció el cimiento de la tierra; nosotros indignos, con agradecimiento veneramos Tu sufrimiento por nuestra causa, y con el malhechor Te imploramos: Jesús Hijo de Dios, acuérdate de nosotros cuando llegues a Tu Reino.

Icos 1

Completando la mundo angélico, Tu no recibisteis de los ángeles la esencia (naturaleza), pero siendo Dios, por nosotros Te hicisteis hombre, y con esto a la persona, destruida por los pecados, revivisteis con Tu vivificante cuerpo y sangre. Por ello, nosotros, al recordar Tu amor, así Te agradecemos: Jesús Dios eterno amor, Tu a nosotros terrenales nos mostrasteis compasión. Jesús, Tu que dejasteis a los ángeles celestiales, descendisteis hacia las personas caídas. Jesús al recubrirte (vestirte) con nuestro cuerpo, con Tu muerte destruisteis el poder de la muerte. Jesús, Tu nos divinizasteis con Tus divinos misterios, Jesús, tu con tus sufrimientos redimisteis a todo el mundo. Jesús Hijo de Dios, acuérdate de nosotros, cuando llegues a Tu Reino.

Kondakio 2

El Angel cuando Te vio en el jardín de Getsemaní, dedicado y extenuado por la dolorosa carga de nuestros pecados hasta sudar sangre, se presentó para fortalecerte porque Tu tomasteis sobre Tus hombros al moribundo Adán y se lo trajisteis al Padre. Por ello arrodillándome, (oro) rezo con fe y amor Cantándote Aleluya.

Icos 2

Jesús, los hebreos no entendieron Tu inconcebible sufrimiento cuando Te buscaban de noche con candiles y Tu les dijisteis, Soy yo! Entonces, aunque ellos cayeron al suelo, luego Te ataron y llevaron a juicio. Nosotros sobre este camino Te veneramos y con amor imploramos: Jesús, luz del mundo, el malicioso mundo Te aborreció. Jesús, que vivís dentro de una luz inaccesible, Fuisteis tomado por el poder de las tinieblas. Jesús, Hijo de Dios Inmortal, Tu fuisteis entregado a la muerte por el hijo de la predicción Jesús Tu que no sabes de engaño Fuisteis besado por el traidor lisonjero. Jesús, Tu que Te ofreces a todos gratuitamente, fuisteis vendido por plata, Jesús Hijo de Dios, acuérdate de nosotros cuando llegues a Tu Reino.

Kondakio 3

Con Tu Divinidad Tu previsteis la triple negativa de tu discípulo. Él, aunque jurando, Te negó, luego, al Verte a Su Maestro y Señor, en la casa del sumo sacerdote de corazón se conmovió, y al salir lloró amargamente. Sé compasivo conmigo, Señor, llama a mi cruel corazón, para que yo lave mis pecados con lagrimas, Cantándote a Ti, Aleluya.

Icos 3

Teniendo verdaderamente el poder del Eterno Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec, Tu, Soberano y Señor de todos, Te presentasteis ante el arbitrario sumo sacerdote Caifas. Al tomar de tus siervos el martirio, recibe este agradecimiento de nosotros. Jesús invalorable, Tu que fuisteis comprado por un precio, adquiéreme para Tu eterna herencia. Jesús, deseo de todos, por miedo negado por Pedro, no me niegues a mi, pecador. Jesús cordero manso, torturado por los crueles jabalíes, líbrame de todos mis enemigos. Jesús, con Tu sangre, ingresasteis al Santo de los Santos, límpiame de toda impureza corporal. Jesús atado, teniendo el poder de atar y perdonar, líbrame de mis graves pecados. Jesús, Hijo de Dios, acuérdate de nosotros, cuando llegues a Tu Reino.

Kondakio 4

Los hebreos, preocupados por la tormenta provocada por la muerte de Jesús, inducidos por el padre del engaño, el diablo, te negaron, camino justo, verdadero y de vida. Nosotros, Jesús, Te reconocemos, como la fuerza de Dios, en el Cual están guardados todos los tesoros de la sabiduría y del entendimiento de la mente, cantando: Aleluya.

Icos 4

Pilato, al escuchar tu humilde respuesta, como merecedor de la muerte, Te entregó a la crucifixión, aunque el mismo reconoció que no encontró en Vos ninguna culpa. Él sus manos lavo, pero su corazón ensució. Nosotros asombrados (admirados) por Tu sacrificio voluntario con ternura exclamamos: Jesús, Hijo de Dios, Hijo de la Virgen, fuisteis atormentado por los hijos arbitrarios. Jesús, agraviado y despojado, Tu le das hermosura a los lirios del campo y vistes el cielo con las nubes. Jesús, cargado de heridas Tu saciasteis con cinco panes a cinco mil personas. en vez de rendirte tributo de amor y agradecimiento, Tu recibisteis crueles tormentos, Jesús por nosotros fuiste todo el día torturado, cura las heridas de nuestras almas. Jesús, Hijo de Dios, acuérdate de nosotros, cuando llegues a Tu Reino.

Kondakio 5

Tu que te vistes con vestimenta de luz, todo Te cubristeis con Tu Divina sangre. Se, en verdad se, de acuerdo a las profecías, porque es brillante Tu vestimenta: yo Señor, con mis pecados Te he cubierto de Heridas. Por ello a Ti, por mí herido, imploro con agradecimiento: Aleluya.

Icos 5

Isaías, inspirado por Dios, por medio del Espíritu al Preveerte lleno de deshonra y herido, horrorizado, imploró: ‘Nosotros lo vimos y el no tenía presencia o belleza atrayente’ Nosotros al Verte en la cruz, con Fe y asombro imploramos, Jesús, que soportasteis el deshonor, Tu coronasteis a la persona con gloria y honor. Jesús, a Quien los Angeles no se atreven a mirar, Fuisteis golpeado en la mejilla. Jesús, que en la cabeza fuisteis golpeado con un junco, inclina mi cabeza hacia la humildad. Jesús que tuvisteis los ojos luminosos oscurecidos por la sangre, aparta mis ojos para no mirar la agitación. Jesús que de pies a cabeza no tuvisteis un lugar sano, hazme todo entero y sano. Jesús Hijo de Dios, acuérdate de nosotros, cuando llegues a Tu Reino.

Kondakio 6

Testigo de tu mansedumbre, Pilato, proclamó al pueblo que en Ti, no hay nada, que Te haga merecedor de la muerte, pero los hebreos como animales salvajes, al ver sangre, Te rechinaban con los dientes, clamando: Crucifícale, Crucifícale. Nosotros, al besar Tus Purísimas heridas, imploramos: Aleluya.

Icos 6

Tu mostrasteis a los ángeles y a las personas una representación asombrosa cuando Pilatos dijo de Ti “Aquí esta el Hombre. Venid, adoremos a Jesús, que ha sido por nuestra causa ultrajado, implorando: Jesús, Creador y Juez de todos, Tu por Tu creación has sido juzgado y sometido al martirio, Jesús dador de sabiduría, Tu no respondisteis a los enajenados. Jesús, médico de los heridos por los pecados, enséñame a arrepentirme. Jesús, Pastor destrozado (derrotado), derrota a los demonios que me tientan. Jesús, teniendo el cuerpo mortificado, atemoriza mi corazón con Tu Temor. Jesús Hijo de Dios acuérdate de nosotros, cuando llegues a Tu Reino.

Kondakio 7

Por liberar a la persona de la esclavitud del enemigo, Tu Te humillasteis ante Tus enemigos, y como un mudo corderillo, Fuiste llevado al sacrificio, por todos lados padeciendo Tus heridas, para librar totalmente a la persona que implora: Aleluya

Icos 7

Tu demostrasteis una paciencia increíble, cuando los soldados Te llevaron por orden del juez arbitrario, hirieron Tu Purísimo Cuerpo, bañándolo desde la cabeza hasta los pies con sangre. Nosotros con lagrimas Te imploramos: Jesús, que amas a las personas, fuiste coronado con espinas. Jesús divinamente impasible, soportasteis las pasiones, para librarnos de las pasiones. Jesús mi Salvador, sálvame a mi, merecedor de todo castigo. Jesús por todos abandonado, consolidación mía, fortaléceme. Jesús por todos ofendido, mi felicidad alégrame. Jesús Hijo de Dios, acuérdate de nosotros, cuando llegues a Tu Reino

Kondakio 8

Moisés y Elías se Te aparecieron increíble y milagrosamente, diciéndote sobre Tu fin, el cual ahora concluyó en Jerusalén. Allá vieron Tu Gloria, acá, al ver nuestra salvación imploran con nosotros: Aleluya.

Icos 8

Por todos lados expulsado Tu soportasteis el ultraje y los martirios, por la multitud de mis pecados. Algunos Te culpan como enemigo del Cesar, otros te critican (condenan) como a un malvado, y otros gritan, Tómalo, Tómalo y Crucifícale. Nosotros, desde lo profundo del alma, decimos al condenado y llevado por todos a la crucifixión: Jesús nuestro Juez, incorrectamente juzgado, no nos juzgues por nuestras obras, Jesús agotado en el camino Bajo la cruz, fuerza mía, no me dejes en la hora de mi prueba. Jesús que pedisteis ayuda al Padre y disteis a todos ejemplo de sacrificio, fortalecédme en mi debilidad. Jesús, Tu que tomasteis la deshonra, Gloria mía, no me rechaces de tu Gloria Jesús imagen luminosa de la Hipóstasis del Padre, transforma mi vida impura y oscura. Jesús, Hijo de Dios, acuérdate de nosotros, cuando llegues a Tu Reino.

Kondakio 9

Viéndote a Ti clavado en la cruz, toda la naturaleza se turbó: el sol en el cielo escondió sus rayos, la tierra tembló, el velo del Santuario se rasgó, las rocas se hendieron, el hades dejó ir a los muertos. Nosotros al pie de Tu cruz Te imploramos: Aleluya.

Icos 9

Bienhechor, los oradores elocuentes, aun con muchísimas palabras, no pueden expresar un agradecimiento digno a Tus Divinos sacrificios. Nuestro cuerpo, alma, corazón, y todas las articulaciones con ternura (emoción) Te imploran: Jesús clavado a la cruz, clava y haz desaparecer la lista de nuestros pecados. Jesús que tiendes Tus manos desde la cruz, atráeme a mi, perdido. Jesús, atravesado en el costado, Llévame Con Tus heridas a Tu Palacio. Jesús, con el cuerpo crucificado, crucifica mi cuerpo con mis pasiones y sensualidades. Jesús, que haz muerto atormentado, hazme digno para que yo con mi corazón Te contemple crucificado. Jesús Hijo de Dios, acuérdate de nosotros, cuando llegues a Tu Reino.

Kondakio 10

Deseando salvar al mundo, Tu salvasteis a los ciegos, rengos leprosos, mudos, sordos, y así también expulsabas a los espíritus malignos. Los hebreos insensatos enfurecidos y atormentados por la envidia, Te clavaron a la cruz, no sabiendo cantar, Aleluya.

Icos 10

Eterno Rey, Jesús Todo Tu sufres por mi desenfreno para purificarme, Tu nos das el auténtico (verdadero) ejemplo, para que nosotros lo sigamos, implorando: Jesús, amor extraordinario, (inconcebible) Tu no atribuisteis pecado a los que Te crucificaron. Jesús, que con lágrimas orasteis en el viñedo, enséñanos a orar. Jesús, que cumplisteis todas las profecías que se refirieron a Ti, cumple los buenos deseos de nuestro corazón. Jesús, que encomendaste Tu Espíritu en las manos del Padre, recibe mi espíritu en el momento de mi partida. Jesús, que no impedisteis que dividieran Tu ropa dulcemente (mansamente), separa mi alma de mi cuerpo. Jesús Hijo de Dios, acuérdate de nosotros, cuando llegues a Tu Reino.

Kondakio 11

Tu Purísima Madre Te trae un canto enternecedor, diciendo: Aunque Tu sufres en la cruz, Yo se que Tu nacisteis del seno del Padre, antes de la estrella matinal (Lucifer, Psalmo 109:3). Yo veo cómo toda la creación sufre Contigo. Entregando Tu espíritu al Padre, recibe también mi espíritu y no me dejes implorando: Aleluya.

Icos 11

Como vela luminosa encendida con amor ante Tu cruz, Tu Purísima Madre dolorosamente sufría cuando Te veía, verdadero Sol de la verdad, descendiendo al sepulcro. Con Ella recibe y de nuestro corazón estas oraciones: Tu ascendisteis (Te elevasteis) al árbol, para elevarnos a nosotros, caídos, ante Tu Padre. Tu distes a Tu Virgen Madre al casto Evangelista Juan para enseñarnos castidad y pureza, Jesús, que confiasteis a Tu discípulo el Teólogo a la que Té Engendró, Dios-Verbo, entréganos a todos bajo Su Protección Maternal. Jesús, vencedor del mundo y del hades, derrota la incredulidad, el orgullo mundano, y la concupiscencia de la vista en nosotros viviente. Jesús, aniquilador de la muerte eterna, Jesús, Hijo de Dios, acuérdate de nosotros cuando llegues a Tu Reino.

Kondakio 12

Dame Tu Gracia, Jesús, Dios mío, recíbeme como recibisteis a José con Nicodemo, para que Te dé mi alma como un santo sudario, y para ungir Tu Cuerpo puro con la fragancia de las virtudes, Teniéndote en el corazón como en el sepulcro, implorando: Aleluya.

Icos 12

Celebrando Tu crucifixión voluntaria, veneramos Jesús Tus sufrimientos. Con el centurión creemos que verdaderamente Tu eres el Hijo de Dios, que tiene que venir sobre las nubes con mucho poder y gloria. Entonces no nos avergüences, redimidos por Tu sangre imploramos así: Jesús, que sufristeis mucho, por las lágrimas de tu Virgen Madre, líbranos del fuego eterno. Jesús por todos abandonado, en la hora de mi muerte no me dejes solo. Jesús, recíbeme como a Magdalena, que tocó Tus pies. Jesús, no me condenes con el traidor y con los que Te crucificaron. Jesús, llévame al paraíso con el malhechor razonable. Jesús, Hijo de Dios, acuérdate de nosotros cuando llegues a Tu Reino.

Kondakio 13

Oh, Jesucristo, Cordero de Dios, que tomasteis los pecados del mundo, recibe este pequeño agradecimiento que Te traemos con toda el alma, y sánanos con Tus sufrimientos salvadores de toda dolencia física y mental (del alma y del cuerpo); protégenos con Tu cruz de los enemigos visibles e invisibles, y ante nuestro deceso no nos abandones, pero haz así, para que con Tu muerte nos libremos de la muerte eterna y siempre Te imploremos: Aleluya.

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Panfleto Misionero # S32

Copyright © 2001 Holy Trinity Orthodox Mission

466 Foothill Blvd, Box 397, La Canada, Ca 91011

Editor: Obispo Alejandro (Mileant)

(sufrimientos_cristo.doc, 05-05-2001).